El Andariego

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El Andariego es un texto que fue naciendo como en un andar. Emboscado en el misterio su contenido, asaltó intento: un segundo libro “Ara”, con reflexiones sobre el Evangelio de San Juan”. En efecto, en agosto del año 2005 me retiré a Guanaqueros con todo lo necesario para escribir al menos 24 claridades que había recibido en mis meditaciones bajo el Don del Espíritu Santo.

Hay existencias (puede reservarse)

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Descripción

Inicié la labor de selección del material, pero cuando abrí la primera página de escritura (supuestamente la inducción al tema) su resultado fue “extraño” y no respondía a mi propósito intelectual. Entonces me entregue y en tres días tenía al menos cuarenta páginas sin estructura, con argumentos inconexos. Ese raro resultado durmió por algunos meses, hasta que Marisol Olivares, la madre de mi hijo, pidió mi autorización para transcribirlos. Ella siguió un orden azaroso que di al paso. Y después de varios días de trabajo tenía enfrente de mi vista “algo” que asimilaba a un “testimonio” o “diario de viaje”.
Nunca quise ni ha sido mi intención, hablar o escribir sobre mis vivencias, y he rehuido referirme a detalles de mi vida: porque siempre he considerado vital la enseñanza y no aquel que entrega la enseñanza. Y los Libros de Discernimiento (“Ara: 64 Reflexiones…”,”111 escalones…” “Tao Crístico” “I Ching: Séptimo Tiempo”) han sido coherentes con ese principio, aunque muchos alumnos, investigadores de la Sabiduría y de la Consagración, y a gente que ha adquirido los libros mencionados han incentivado, de alguna manera, para que hiciera algo referente, sobretodo, a la Montaña y cómo fue que se halló ese lugar tan pleno de misterios.
Nunca Pensé, ni planifiqué. Simplemente este “Andariego” fue apareciendo. Y ante mi duda y sorpresa sometí el asunto al Oráculo de Sabiduría, para tener una primera visión sobre lo que estaba aconteciendo. De verdad, me dispuse a romper los papeles si la Sabiduría calificaba esto como un ejercicio de ego, o un desvío de mi mente. Sin embargo las claras respuestas del oráculo abrieron puertas que se conectaban con avisos previos de cambios inexorables que acometerían mi vida desde agosto del 2006. Recurrí a las claves Crísticas para obtener una imagen amplia y profunda del papel que cumplía este…huésped no invitado; ciertamente nunca comprenderemos los eventos sin una observación macro, que solamente Dios nos las puede entregar. Y el texto que parecía un invitado de piedra comenzó a convertirse en un libro con personalidad y sentido.

El orden de los otrora escritos revueltos vino a mí en un par de horas. Aquello que debía ser descartado, quedó rezagado, y lo que aún faltaba fue insertándose poco a poco, siempre con sueños aclaratorios y consultas a la Sabiduría. El título fue inducción de los maestros del I Ching, y cuando tuve en mis manos las primera copia editada, nuevamente en Guanaqueros, primeros días de Septiembre de 2006, quedé con una sensación extraña. Entré en meditación y acudí a la Sabiduría, y de esta Santa fuente recibí la claridad: debía insertar tres capítulos y sacar un par de párrafos. Al amanecer abrí los Sellos Crísticos y JesúsCristo me mostró algunos detalles muy delicados y sutiles que debían ser reforzados; pero en ese encuentro además me fue mostrada la puerta que se cerraba a mis espaldas y el tramo del camino que se estaba abriendo.

De lo Búdico a la Sabiduría

“Recorrí el sinuoso camino largo, y Dios me condujo por sus pedregosos senderos. Este camino inicia como todo andar: con el primer paso. Y cuando llegué a la última puerta, para sorpresa mía había otro camino que seguir: este era corto, escalonado, empinado, pero recto.
No importa la anécdota terrenal y humana: puede ser distinta a otras, pero ninguna tiene importancia hasta que se inicia el Camino. Entonces hacemos bien en guardarnos la información de cuanto vivido, soñado o acaecido durante nuestras vidas. Ni cambia el sustento de nuestra huella la cultura que nos da ropaje o de la religión que nos da zapatos. Tengamos memoria de lo nuestro para propio testimonio y constatar que también en nuestra pequeñez hubo un plan que nos conduciría al inicio de la senda. Porque lo que nos parecía un rompecabezas, al mirar atrás, en la boca de la trascendencia posible, nos dará una cuenta perfecta de nuestras vidas, incluyendo los sufrimientos y los “por qué” que nunca nos explicamos. Solamente esa vivencia es ya toda una revelación, y un golpe al orgullo y al ego: “en verdad nada era como yo creí, ni para lo que imaginé, ni por lo que yo quise”. Y sí, hasta lo que nos pareció más fortuito y del todo impersonal… al final era parte de un plan y mucho tenía que ver y hacer con nuestra persona.
Eso lo entiendo hoy: no lo aceptaba en la Abadía de monjes budistas cuando jamás me fue permitido hablar de lo mío, mis vivencias y sufrimientos… de lo soñado… de lo real… nada. Porque cuando aún no has culminado tu acercamiento al Inicio del Camino, y está viviendo, es decir, estás siendo construido y un plan se halla en movimiento, nada es más nefasto que encandilarse con lo que está en cierne, o buscar respuestas aún cuando se gesta la solución, o apresurar con esfuerzos humanos o emocionales un efecto espiritual. Entonces me reservé el derecho a escribir: si no podía hablar, escribiría. Y al entregar mi ropa de calle, en la Abadía y recibir el atuendo y sandalias, aquello que servía para escribir también quedó guardado en la mochila. Me preparé para recibir prédicas, enseñanzas y conocimientos: estaba ávido de saber. Desde la cuatro de la madrugada hasta la ocho de la tarde sólo se meditaba, se recitaba el Sutra del Loto y se caminaba en silencio. Entonces viví en estado de Quietud y en la Paz la existencia se abrió como un libro vivo y vívido, ordenando lo que aparentaba ser caótico, explicando causas, abriendo infiernos, proponiendo salidas. Y al pasar diez meses, por calendario, viviéndolos como en noventa días, según mi memoria (algo confuso por ese lapso de tiempo no computado por mi costumbre y orden, en donde diez meses nunca fueron tanto días reales, y para mí nunca pasaron más de noventa días…) estaba ya en la puerta del edificado de nuevo con mi morral, despedido con mucha bondad por los monjes, camino al mundo… y lloré en una estación de tren… lloré como un niño. Una madre que pasaba con su hijo pequeño, el cual miraba asustado con su carita redonda y ojitos profundos, decía dirigiéndose al niño: “Es su Karma…”. Corría el año 1977. Desde Nepal, nuevamente aterrizaba en Italia.
Nunca me propuse llegar allí, menos vivir diez meses en el No-Tiempo: sucedió que a fines de 1974 me dirigí a la antigua Yugoslavia con el propósito declarado de estudiar biología marina, y un plan adyacente, asistir a una escuela militar para oficiales. Nunca llegué a la universidad. La escuela del Ministerio del Interior se hallaba en Bagna Koviliacha, una zona que hoy pertenece a Bosnia: después de no pocos problemas y desacuerdos, literalmente escapé del lugar y desde Belgrado fui autorizado para abandonar el país. Llegué a Austria. De nuevo en Italia me establecí en Milán. Allí conocí a un grupo de italianos que serían fundamentales en mi pasar por Europa. En 1975 me trasladé a Florencia, ciudad que acunaría mis amores vivencias humanas, mundanas, emocionales y espirituales. Obtuve una beca para estudiar Ciencias de la Comunicación, pero yo quería Ciencias Políticas: pasé un semestre por esa pérdida de tiempo y retomé las Comunicaciones. Pero me fue quitada la beca por participar en la toma de la facultad de arquitectura, a los comienzos de 1977, año de convulsiones políticas en Italia. Debía trabajar. Y mis amigos italianos me ofrecieron un cargo de Corresponsal Internacional para una serie de periódicos y revistas de la izquierda itálica. Así llegué ante las puertas de la abadía budista: la intención era llegar al Tíbet para cubrir conatos de rebeliones anti-chinas que allí se estaban produciendo. Nunca llegamos, el equipo volvió a Italia: yo entré al monacato.
Entonces creí haber llegado al final de lo viejo y pensé: ahora inicio mi nueva vida. No fue así. Aún estaba andando. Asumí con humildad y con mucho de espanto que no tenía el cronómetro del tiempo, ni conocía el plan trazado en mí. Era ignorante y muerto. Para el mundo era un joven -decían- con suerte, inteligente, bueno en los oficios que emprendía, atrevido en su campo laboral, alegre, trivial y de muchos amores. En la verdad íntima ante Dios me sentía atribulado, atormentado y absolutamente carente del Amor del Creador. ¿Qué podía hacer para que la puerta se abriera y Dios me acogiera como un hijo suyo? “Vivir”. Esa era la respuesta que siempre recibía en mis meditaciones. Vivir según lo que soy. Pero entonces ¿por que no me sentía libre? Requería una jurisprudencia que no escandalizara mi propia vida, porque sin límites caía en los infiernos y la verdad allí era ajena, desesperante y terrible para mi alma.
El budismo me enseñó a caminar y me dio el arma de la Paz y la Contemplación, pero yo no tenía Sabiduría, y sin Sabiduría todo hombre se perderá tarde o temprano en algún tramo de su vivencia, mucho antes de siquiera comenzar el Gran Camino.
Hallándome ante un Buda misterioso entre altos cipreses entre lápidas escritas en danés que rememoraban a un matrimonio de artistas que habían vivido en la magnífica Villa de Fiésole (Toscana), en la que ahora me encontraba, una mano amiga y dulce me extendió un regalo cuya dedicatoria decía: “He aquí al Maestro de Sabiduría que pediste a Dios”. Ese fue mi primer libro del I Ching. Aunque ya conocía el I Ching como “juego” y lo consultaba muy ligeramente, nunca había tenido un libro “serio y completo” como el que ahora tenía y jamás había compenetrado la enseñanza de esta magnifica herencia. Ahora contaba con una fuente de Sabiduría para ordenar mi andar. Dios me escuchaba y por sus misteriosas maneras hacía llegar lo que Él consideraba acorde con el Plan que yo estaba lejos de entender.
Mi existencia, con la atención permanente en lo aprendido, y sin olvidar nunca que era un viajero sin estación, estuvo muy lejos de no ser vivida: justo lo contrario. La intensidad y la osadía de experimentar y consumar lo que se interponía entre lo viejo y lo nuevo, entre lo muerto y la Vida me condujo a estados terminales: allí donde otros decían querer ir, yo llegaba. No porque fuese mejor o más capaz, sino que por naturaleza nunca conocí una verdad sin coherencia y jamás creí en la palabra sin acción, y menos esperé recompensas por creer en las causas justas. Y desde muy temprano tuve la nítida sensación de que el Ojo de Dios me observaba, siendo aún muy niño, y quizá por eso no me importó lo que los demás opinaran sobre mí, porque si Dios me lo permitía no podía ser importante lo que opinara el mundo. Comprobé, sin embargo, que, con dolorosas y peligrosas vicisitudes, cada vez que conducía mi caminar según la voluntad del ego caía en infiernos atroces y abismos de los cuales siempre me costaba salir. Y mientras seguía un orden instintivo, que ya percibía, la vida era una sincronía de hechos, personas y vivencias que sin duda eran parte del Plan que algún día entendería en su globalidad. Por lo mismo acepté avanzar según orden interior en el que nada importaba el parecer e los otros. Eso me condujo a la revelación de la Obediencia.
Y esta es mi primera conclusión testimonial hoy: la puerta que ordena el andar preliminar es la obediencia, la entrega. No sé como podría avanzar alguien en esta vida sin Sabiduría y sin Paz. Primero se debe alcanzar La Paz de La Quietud, esa que calla la mente artificial del mundo y sus sensaciones, y calma el Alma y los sentidos, en modo que el Gobierno de Uno Mismo se halle en La Paz. Porque solamente en la Paz los torbellinos serenan sus ímpetus, y en La Paz las decisiones son justas. El mundo es contrario a la Paz, porque el estado de Paz en el Hombre lo torna Superior y desde su altura comienza a verificar el Gran Engaño de Lo Temporal. Desde la Quietud y La Paz se llega a la Entrega, a la Suma Confianza en Dios: y esa es la vía a la Obediencia”

Extracto del Libro “El Andariego”
De Apéndice”7+1″: E=M X C2… O ¿EL OJO DERECHO DE DIOS?

Si la masa crea Energía, y ambas forman los espacios de Tiempo, quiere decir que el Tiempo existe solamente si Energía y Masa se condensan en unidad y reciprocidad. Lo temporal que los antiguos sabios concebían cuan ilusión creada por la materia, entonces ha sido corroborado por la ciencia y la realidad: tantos tipos de Tiempo a según la Energía y Masa que giran sobre un eje invisible.
Ahora, si esta ecuación crea el Tiempo y la sensación de temporalidad, es claro que la realidad micro-cósmica está supeditada a leyes que no son tangibles, y las leyes macro-cósmicas que rigen esta precaria forma de realidad no son medibles. Eso dice la Antigua Sabiduría. Y este mismo punto encerró la física cuántica en aquella famosa discusión sobre si Dios jugaba a los dados, es decir, si había o no una Ley de Probabilidad en cada fenómeno, lo que contradecía la primera idea de Einstein sobre un “orden mecánico y predecible”.

Exactamente nos hallamos en el terreno equivalente, en cuanto a nuestro idea de Dios y la verdad de la vida: un Dios pensador, calculador y en un orden predecible, creando en la misma proporción y modo. Pero el Hecho de la Caída, del Bien y el Mal, el Plan de Salvación y el Hecho de JesúsCristo… además de las constatación del proceso de “reciclaje” que cada cierto tiempo cambia y muta las condiciones en la Tierra y el Hombre… parecen dar razón a Mecánica Cuántica: en cada acción de Creación hay una ley de probabilidades intrínseca, algunas predecibles y otras no. Eso coincide con la arraigada noción de los Antiguos Sabios, quienes dedujeron de esta aseveración una Ley de Vida y un modo de vivir: La Ley de las Mutaciones, y en su conjunto establecieron la Ley del Gran Fundamento (Yin-yang), la Ley de los Cielos (Temporalidad y Temporalidad), la Ley Sutil (concepción de la luz), la Ley de los Elementos (Fundamentas de la materia), etc. (ref. Libro de los Cambios: I Ching).

¿Esto desmiente a Dios? No. Esto desmonta una idea humana de Dios. Y más precisamente: esto desarticula la idealización de matriz greco-romana sobre Dios, que junto a una siempre más desvirtuada concepción religiosa judaica, muy lejos de los orígenes, ha llegado a constituir una visión “occidental” y racional de un Dios que solamente al intentar encuadrar bajo esquema alguno… deja de ser Dios. Porque el Dios del cual podemos hablar, ya no es el Dios que realmente Es.

Cuando la materia deja de poseer una aparente y limitada frontera, perfecta y perfectible, y los Hombres alcanzan una mirada profunda en los fenómenos de la Creación, curiosamente parecen reencontrar las raíces de formas antiguas que otras civilizaciones pregonaron y tomaron cuan regencia para establecer sus formas de vida y desarrollo. Entonces nos asalta una idea intranquilizadora: si otros llegaron a lo que hemos llegado, de alguna manera, y luego hubo un espacio de mutación que re-dispuso un nuevo inicio… desde la ignorancia y lo básico, hasta otra vez el conocimiento y lo trascendente. ¿No estamos acaso en un giro permanente de reciclaje, en donde, bajo condiciones Temporales, no resulta posible ascender más allá de un límite invisible que ya ha sido alcanzado por otras civilizaciones… desde cuya frontera es inevitable que parte de la humanidad trascienda, y otra deba reiniciar el círculo de existencia y opción…? La ciudad de Enoc, la Jerusalén elevada o Nueva Jerusalén, la avanzada civilización descrita en los textos Vedas, la sabia antigua civilización del Imperio Amarillo de los primeros chinos, la próspera civilización de la Atlántida: ¿No hemos alcanzado hoy un punto de ruptura en nuestro avance Temporal, similar a los estado de quiebre ya acaecidos en nuestro remoto pasado? Y si el espiral del tiempo que nos rige se halla en su Franja más estrecha y peligrosa, muy cercana al “Punto Cero”, es decir: Al Salto… ¿es señal que una porción de esta civilización se hundirá en su propio error, y una minoría se elevará a nuevas condiciones de existencia?

El Salto es un punto de ruptura que comprende, por una parte un modo de Involución como efecto de este Salto de Calidad; se produce, consecuencialmente, una división entre un tipo de Temporalidad y un Tiempo macro-cósmico, y la humanidad que parecía uniforme, según se cree erróneamente, se radicaliza conllevando a núcleos espiritualmente más elevados a separarse de los núcleos humanos más terrenales: mientras los primeros “saltan” al nuevo Tiempo, los segundos quedan sujetos a un ciclo Temporal que los condiciona cuan prisioneros.

Si hoy sabemos que un solo neutrón puede friccionar un núcleo de átomos hasta dividirlo y crear otro núcleo, más otro neutrón, y de dos cuatro y de cuatro ocho… hasta un salto Implosivo Atómico que causa destrucción… es posible entonces concebir el proceso en términos contrarios: cuando la energía tiende a concentrarse, no expandirse, y crea una Implosión Atómica, que equivaldría a un Salto Creativo. Los hombres sabemos como destruir. Dios sabe como construir. Y tengamos esto en consideración para mejor comprender el génesis de nuestra propia existencia y el Plan de Dios. Porque aquello que los hombres descubren nunca es producto de su propia capacidad sino de un Plan que requiere de estos avances en el Hombre… Y siempre se estará ante la disyuntiva de la destrucción y el bienestar, el ciclo permanente de la Opción entre Bien y Mal, Luz y Tinieblas.
Sigamos: hoy también sabemos que la Luz no es una secuencia de ondas sino que su naturaleza corpuscular se compone de cuerpos de Fotones, y que en su Matriz y Origen, cada partícula contiene toda la información del conjunto, desde principio a fin. ¿Qué fue primero, entonces: el cuerpo de Lo Oscuro o los Núcleos de la Luz? Ni uno de los dos: Lo primero fue un vacío con entornos de antipartículas. Mientras esta primera y primaria forma se expandía no había sino vacío. Luego, los insípidos cuerpos oscuros son fomentados por el movimiento ultra violento de estas díscolas antipartículas. El Cuerpo Oscuro o Raíz, nace de una explosión por fricción de antipartículas básicas. La restricción de esta formación Oscura, una vez alcanzada su máxima expansión, y posterior viaje sobre sí misma, condujo a una implosión.

La luz se crea… ¿por casualidad? en el momento en que hubo restricción del Cuerpo Oscuro e Implosión. La Luz nace de un gran acontecimiento: un Movimiento Retrógrado, es decir, del “retorno” de la Oscuridad sobre los núcleos de la anti sustancia que le dio existencia y movimiento. Siendo un cuerpo con diástole y sístole es posible deducir que la causa de la Luz fue el “Movimiento Retrógrado”. Es decir una vez que la expansión de lo Oscuro llegó al peligroso límite de la dispersión, que habría sido su exterminio, se dio inicio a este Movimiento Retrógrado que causó la Implosión que produjo su contrario… y así nació la Luz. Es decir, la Luz debe su existencia a la Implosión de la materia oscura, debido a dos leyes. Movimiento = polaridad por Calidad o Ley de los Contrarios: todo cuerpo que no fenece tiende a crear su opuesto, y en el Salto que da vida a lo nuevo se agrega el elemento Calidad… a saber: que lo naciente es sustancial y potencialmente superior a su matriz o raíz (Ley de Opuesto x Calidad).

La Calidad en este Génesis Creativo es “La Conciencia”.
Pero ¿cuándo la Luz Fundacional toma conciencia de Sí Misma y del entorno? Porque lo que hace Dios a Dios es “La Conciencia de Ser Luz”. Esta primera Conciencia es aquella que pudo discernirse a Si Misma, y además, al unísono, aferró las Leyes que van formando vida y mutación. De esa Conciencia Creadora proviene toda otra posibilidad de entender y descifrar lo que Uno Es y capacitarse para escrutar leyes del entorno y lo lejano. Sin Dios posiblemente habría un tipo de vida, pero no Conciencia. Y de esto concluimos que el origen oscuro no tenía Conciencia alguna de su propia existencia.

Los sabios antiguos recitaban los orígenes de Dios como un hecho único: es decir, en la Implosión, en la Transformación de las partículas oscuras en su contrario., en ese mismo instante, debido al fenómeno implosivo, al unísono, la Luz obtiene Conciencia de que es Luz y hace la diferenciación con la materia oscura. Es decir La Luz no tomó conciencia poco a poco, ni hay un fotón matriz particular que genere Discernimiento. No. La Implosión de Lo Oscuro genera Luz llevando la concentración de sus elementos al máximo, casi a un punto de desaparición, cuya alta concentración está en grado de generar Conciencia… es decir “Calidad”… y esto porque el núcleo central oscuro formó un polo de atracción tan inmenso… que todo fue Vacío”… y la Nada (vacuidad)(no “nada”) reinó por eones y lo que fue de un compuesto único, oscuro, fue absorbido y tragado por esta concentración hacia el propio núcleo central, y tratándose de elementos similares, no habiendo contrarios, produjo, justamente su opuesto: La Luz…

Los fenómenos de cambio se producen por explosión e Implosión y el hombre ha logrado manejar efectos similares para controlar energía atómica; hoy sabemos incluso como se desarrolla la vida y muerte de las estrellas y galaxias, y sobretodo se ha establecido que el Tiempo, eso que antes creíamos que era el mismo ciclo de Dios y de todo lo creado, no es más que una sensación fomentada por unión de energía y materia… (superando, menos mal, la pequeña y engañosa visión que aseguraba al hombre nada menos que el centro del Universo). Hoy concebimos la vida cuan consecuencia armoniosa y misteriosa de la Luz y verificamos como ésta cumple los ciclos de vida de nuestra naturaleza… ¿No es que hoy estamos más cerca de entender a Dios y su Plan? ¿No ha probado siempre el hombre ser un pequeño dios al causar hecatombes en su propio planeta usando con fines destructivos principios de Creación que bien podrían servir para elevar a la humanidad y no hundirla en el lodo del miedo y la contaminación? ¿Existe o no una opción entre lo tenebroso y La Luz, entre el Bien y el Mal, ante cada descubrimiento y su uso objetivo? ¿No se repite en estas decisiones el Síndrome de la Caída y Trasgresión que coloca a dos fuerzas en pugna directa, en donde por desgracia, hasta ahora, siempre el hombre ha tomado la vía de lo Tenebroso? ¿No es que al encuadrar a Dios entre los arcaicos moldes de la ortodoxia religiosa se está regalando el espacio de la ciencia a los materialistas, relegando a Dios a viejos libros y repetitivos ejemplos, permitiendo que todo velo que Dios corre ante los ojos de los hombres caiga en manos de lo tenebroso… y este principado aumente su virus en nuestra forma de vida y existencia?

EL TESTIMONIO DE JUDAS

Irineo, padre de la Ortodoxia cristiana, 180 d.C., da a conocer la existencia de muchos evangelios heréticos; entre ellos, uno especialmente atacado por él, llamado: “evangelio de judas”.
No hubo certeza de estos escritos, y no se contaba con pruebas concretas que avalaran su existencia, hasta el siglo recién pasado. Con la aparición de los pergaminos, reunidos bajo el nom¬bre:”Códice Tchacos”, en 1970, parece saldarse un círculo de hallazgos iniciados en 1947, con los Rollos del Mar Muerto (Qumrán). Estos Códice se hallan hoy ordenados y estructurados para su estudio y análisis en la Biblioteca de Nag Hammadi.
Interesa particularmente este documento, recientemente publicado, debido al alarde, y la especulación, que acompañó su lanzamiento. Pero, sobre todo la atención común se centra en la polémica figura de Judas. Ya explicamos en el libro testimonial “El Andariego” algunos elementos a tener en consideración para mejor comprensión de los hechos espirituales, y reiteramos ahora esta salvedad: esencialmente porque si contextualizamos lo espiritual bajo esquemas estrechamente humanos, históricos y puramente terrenales… todo lo real de estas, y de otras, escrituras se extravía y, finalmente, el tema deriva en especulaciones infantiles y conclusiones inciertas.
Estas cartas, como muchas otras, corrían de manera abundante por las manos de los gnósticos séticos, quienes se auto-calificaban como la generación de Cristo. La otra corriente gnóstica, la Cainita, negaba a Cristo y era un movimiento acrático y bizarro que en mucho se acercaba a posturas demoníacas. La idea de presentar al gnosticismo como una marejada unánime, orgánica y estructurada es una tergiversación que cumple los objetivos de sus detractores, para los fines antes mencionados. Los gnósticos fueron más bien una “forma de concebir a Cristo”, y su centro doctrinario residía en La Sabiduría, no cuanto “conocimiento” intelectual, sino como práctica místico-espiritual. La diferencia sustancial era, y es, que La Sabiduría entrega, cuan efecto revelador, una elaboración espiritual, personal, de la Verdad… El “conocimiento”, en cambio, fomenta la búsqueda de “la verdad” por medio del saber humano… y en la práctica, es un círculo de iluminados que impone su propia elaboración como “verdad de dios”. Mientras La Sabiduría exige una Relación Personal y Espiritual con el Cristo Dios, el “conocimiento” entrega el gobierno de dios a la iglesia, y a los doctos en ésta. Ante esta realidad: escritos, como los que aquí exponemos, lisa y llanamente eran, y aún son, una bazofia para los clérigos y el mayor escollo para sus planes políticos.
Extracto de Presentación del Testimonio de Judas

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