111 Escalones hacia el Cielo

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En 1992 me encontraba trabajando en el ordenamiento del I CHING con los apuntes traídos de Basilea -Suiza- para editar “La Verdad Interior”. El Maestro Jesshu Li fue particularmente activo y generoso, en ese tiempo y lugar. Según mi criterio, yo trabajaba en un proyecto en base al antiguo Libro de Sabiduría, sin embargo, no todo el producto de lo escrito tenía directa relación con la elaboración planteada… Aún más, ante mí tenía una serie de textos que escapaban a mi orden original.

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Descripción

Separado el contenido correspondiente a “La Verdad Interior” quedaron, por una parte, los textos que fueron a engrosar el material testimonial incluidos en “El Empedrado de Jade” y “El Cristo del Loto”, y por otra: una carpeta con material extraído de las enseñanzas de Jesshu Li , basadas en el Oráculo de Sabiduría. Pasaron dos años… encontrándome en meditación frente al altar, en mi casa en Concepción, un día Domingo temprano, vi una imagen muy parecida a un sueño que había tenido años atrás: en éste me encontraba en un lugar parecido al patio de la casa de mi abuela materna, sólo que el lugar no tenía fronteras, era un prado verde que se perdía a la distancia; a mi izquierda vi y sentí a un monje budista en posición de Loto enfrente a un altar de piedras blancas, altas, cuya parte superior tenía forma de un cabeza de serpiente cascabel. El monje era joven, calvo y no notaba mi presencia. Más allá, en la mitad del verde había una escalera de colores transparentes con mucha luz en su entorno; bajaba desde el Cielo y no llegaba al suelo. Una larga fila de personas se dirigía hacia esta escala cuyas gradas eran doradas, la gente acudía en calma, serena, alegre. Yo estaba en la fila, pasé detrás del monje y tuve ganas de invitarlo a venir, quise quedarme con él. Inmediatamente más allá del altar donde se hallaba el hombre se encontraba una muralla vieja de piedras carcomidas y derrumbadas. En ese punto la voz dijo en mi interior: “ciento once son los escalones del adepto; sin el primer escalón no hay segundo; después del segundo todos son ascendentes”… Agregó: “la sabiduría no está al final de la escalera, sino que en la decisión de poner el pie en ella”. Saliendo de esa visión interior, el Espíritu me indujo a buscar entre mis papeles y saqué la carpeta con los textos sobrantes que dormían en un rincón. Una claridad extraordinaria hubo en mí y supe a ciencia cierta cuales partes separar y cuales dejar. En seguida realicé una separación por párrafos que fui enumerando correlativamente. No leí, no pensé, no tuve conjetura alguna ni me detuve a verificar si los cortes de cada lectura eran congruentes.
Por tratarse de textos profundos no basta con una lectura, el trabajo de discernimiento no se agota con una leve comprensión, es necesario volver sobre el contenido del mensaje varias veces y siempre en actitud de serenidad, devoción y apertura espiritual. Cada vez es de vital importancia anotar lo que se comprendió, lo que se sintió, lo que causó la inquietud, lo que resultó comprensible y clarificante. Así, en un largo proceso de discernimiento el mensaje cumple el rol de ser un escalón hacia el Espíritu y la Sabiduría de lo espiritual. Nunca se debe volver a buscar otro número sin antes haber agotado la labor con el escalón que nos ha sido designado.
¿CÓMO HABLAN LOS CIENTO ONCE ESCALONES?
Para compenetrarse correctamente con estas respuestas, la persona debe hacer tres preguntas: ¿Qué me dice?, ¿Qué debo comprender?, ¿Qué debo hacer?
Una vez que se ha obtenido, mediante cualquier método de recogimiento y quietud, el número con el texto correspondiente, enfocaremos la lectura bajo estas tres cuestiones básicas. Tengamos en consideración que todas las respuestas tienen un valor interior, espiritual y están dirigidas a Seres que definitivamente han encaminado su existencia por la senda de la virtud espiritual, es decir, no contienen fórmulas para “llegar a la escala”, sino que son situaciones para los que “ya están en sus gradas”.
Si una persona toma esta escala como un instrumento de acercamiento a la verdad sabia de Dios y vive en coherencia con estas enseñanzas, sentirá la viva presencia del Maestro Jesshu Li y de los guías de Sabiduría. Entrando a los escalones superiores, del 80 hasta el 111, vivenciará la necesidad de aferrar la Nueva Ley de la Resurrección, y la vida del adepto dará un giro absoluto en el sentido del Cielo.
Todos los instrumentos como este deben ser acompañados con la coherencia y la congruencia cotidiana, con la vivencia espiritual sin dudas ni limitaciones, bajo la debida meditación, recogimiento y oración, con un sistema disciplinado, constante y perseverante.
Nunca se debe olvidar que estas armas de nada sirven si no se hacen vivas y vívidas en el andar de toda la existencia. No es un trabajo teórico o filosófico, es vivencia y vida, es comprensión espiritual.
Para finalizar: el Maestro Jesshu Li ha sido muy reiterativo últimamente sobre los tiempos que han entrado en cierne en estos días. Ahora comienza el camino de la unión en la diversidad y de la responsabilidad personal ante Dios. Comienza a decaer lo discriminatorio y la incomprensible división bajo tanta bandera y doctrina… lo oscuro de lo pequeño está pasando… lo claro de lo grande está llegando.
Noviembre de 1996 (Bahía Inglesa – Caldera)
Extracto de algunos párrafos del Libro “111 Escalones hacia el Cielo”

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